
Hace unos días te recordé, recordé tus detalles, recordé tu inocencia, tu inmadurez que hacían de ti la chica más linda del mundo.
Nunca ninguna chica fue tan detallosa e inocente conmigo, por eso es que te recuerdo siempre.
Uno de los detalles hasta el momento más perfectos fue tu chocolate, hecho con esas geniales y delicadas manos, hechas con ternura, cariño, amor, inocencia, vergüenza; aquella noche de diciembre.
Me robaste una larga sonrisa, una vergüenza sentimental fundamentada en el amor que te tenía.
Aquella noche aun no te declaraba mi amor, pero ya te estaba queriendo, ya quería sentir tu amor, amor que perdí.
Todo fue tan espontaneo, no planificado, eso le dio la esencia de un recuerdo cuatro años más tarde.
Aquella noche lluviosa yo estaba en un evento y tú en casa, fuiste a la mía con cierto temor, con nostalgia pero con pasos firmes y seguros, eso te caracteriza.
Llegaste a mi casa y gritaste ¡Buguiiii! Y salió la autora de mis días, bajó y te recibió. Tú le dijiste: ¿Se encuentra Bugui? Ella respondió: no, está en un evento y con cierto temor le entregaste un chocolate en forma de una flor y le dijiste: Entrégueselo y dígale que se lo dejo de parte de Ardia y ella dijo: ¿Ardia? Y con una mutua sonrisa le dijiste: Así me dice él.
Todos en casa se quedaron pasmados y yo anonadado.
Fue algo pequeño, insignificante para los demás, pero para mi fue el mejor detalle y regalo que he recibido.
Yo no lo recordaba mucho, pero hace unos días una de las protagonistas de esta historia me lo hizo recordar con detalles y por eso lo escribo, porque daría mucho para vivir ese momento una y otra vez.
Sé que leerás esto, espero que lo recuerdes querida, a mí me encantó.
¿Y dónde quedó el chocolate?

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